La siguiente etapa inicia cuando el niño reconoce las letras, las asocia con un sonido concreto, combina las letras y sus sonidos para formar palabras. Quiere decir, que cuando el niño puede leer la palabra completa por medio de la vista, da el paso a la etapa alfabético. En esta etapa es gradualmente sustituida la lectura de la palabra pictórica por medio del reconocimiento del sonido, cuando el niño desarrolla el conocimiento que permite la conexión entre las letras y su sonido, a esto se le llama "correspondencia grafema-fonema". Cuando el niño reconoce el sonido de la letra, reconoce que al combinar estas puede formar palabras que se puede leer y está realizando la codificación fonológica.
El niño puede realizar una lectura lenta, sin prosodia (sin ritmo homogéneo), también puede llegar a cortar las palabras a la mitad y desde ahí vuelve a comenzar su lectura sin recuperar todos los grafemas de la palabra, otra dificultad seria el perder el renglón donde estaba leyendo, confusión del orden de las letras (invierte o realiza transposición), dificultad en analizar fonemáticamente las palabras (deletrear), confusión entre derecha e izquierda, problemas en la orientación. También, tienen deficiencias perceptivas que les ocasionan problemas para diferenciar símbolos simples como b y d, y la consiguiente elaboración de las reglas de correspondencia entre fonemas y grafemas, lo que se interpreta como confusiones entre los símbolos y/o alteraciones en el reconocimiento, lo cual incide en la falta de fluidez
Durante la adquisición de la lectura el niño tiene que desarrollar habilidades y durante este proceso pasa diferentes etapas. Algunos autores también le llaman niveles o fases de la lectura. Das y cols. (1999) se refieren a la primera etapa como simbólica o estadio mágico, donde no existe relación del garabato con la palabra. La segunda etapa de pictórico, a las palabras las ve como una fotografía o cuadro pictórico, esto es en la edad preescolar y lee como fotografía, ejemplo: coca-cola, sólo asocia el significado con la imagen; por otra parte, el niño reconoce la palabras y puede describe cuadros, dibujos o fotos, reconoce las palabras aisladas a partir de un patrón y lo lee como un todo, ejemplo: mamá.
El número de fonemas de una lengua es finito y limitado en cada lengua y el número de alófonos potencialmente definibles, especialmente si especificamos rasgos fonéticos muy sutiles, es potencialmente ilimitado y varía según el contexto fonético y la articulación lingüística individual de los hablantes, a su estudio se dedicará la llamada fonética experimental. En cuanto al número de fonemas, este no tiene por qué ser fijo, y puede cambiar con el cambio lingüístico, de hecho en un instante dado, puede ser que puedan construirse dos sistemas fonológicos con diferente número de fonemas si se introducen reglas de pronunciación más complejas. Sin embargo, la mayoría de análisis del español está en torno a 24 unidades (5 vocales y 19 consonantes), aunque no todas las variedades de español tienen el mismo número de fonemas.
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