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Es importante señalar que si bien el fonema pertenece al ámbito de la lengua, y el sonido se incluye en el campo del habla, ambos elementos se encuentran íntimamente relacionados y condicionan el significado de los términos; sin embargo el fonema es un elemento que sirve para el análisis lingüístico, es decir que representa la abstracción de ese sonido al que se encuentra ligado.
Otros apoyos a esta idea provienen de los estudios que revelan que los buenos lectores utilizan más eficazmente la ruta fonológica que los malos lectores, lo que ha sido constatado tanto en ingles (Perfetti y Hogaboam, 1975), como español (Domínguez y Cuetos, 1992; Jiménez y Rodrigo, 1994). Por lo tanto con independencia de la lengua, podemos afirmar que para aprender a leer en un sistema alfabético hay que adquirir habilidades de decodificación fonológica. La decodificación en la capacidad lectora depende del nivel de desarrollo de la habilidad lectora.
Durante la adquisición de la lectura el niño tiene que desarrollar habilidades y durante este proceso pasa diferentes etapas. Algunos autores también le llaman niveles o fases de la lectura. Das y cols. (1999) se refieren a la primera etapa como simbólica o estadio mágico, donde no existe relación del garabato con la palabra. La segunda etapa de pictórico, a las palabras las ve como una fotografía o cuadro pictórico, esto es en la edad preescolar y lee como fotografía, ejemplo: coca-cola, sólo asocia el significado con la imagen; por otra parte, el niño reconoce la palabras y puede describe cuadros, dibujos o fotos, reconoce las palabras aisladas a partir de un patrón y lo lee como un todo, ejemplo: mamá.
B) CAVIDAD GLOTICA U ÓRGANO DE FONACIÓN. La cavidad laríngea debido a que la laringe es su elemento constitutivo. Se trata de una caja cartilaginosa situada al final de la laringe, es móvil ya que puede ascender y descender aunque generalmente su posición es en la parte inferior. La laringe se compone de seis cartílagos fundamentales, tres de ellos pares y los otros tres impares.

Lo cierto es que en el colegio, durante la educación infantil (3,4,5 años), se suele hacer una aproximación a la lectura usando el método global: se enseñan palabras a los niños asociadas a imágenes, se observan semejanzas entre palabras (elefante y estrella empiezan por la misma letra), etc; y, ya en educación primaria (a partir de los 6 años), se inicia un análisis de los segmentos de las palabras: el silabeo (pa-pe-pi-po-pu). Tanto el método analítico como el global son válidos para desarrollar la capacidad lectora. Y ambos son necesarios para una lectura de calidad. Que insistamos más en uno u otro dependerá de las necesidades del niño en cada momento del desarrollo de dicha capacidad. 


Otro modo de enseñar y adquirir esta conciencia fonémica es trabajar con fonemas únicos en las palabras habladas, como al identificar el primer sonido de la palabra inglesa cat (gato) como /k/. Parte de este aprendizaje también implica darse cuenta de que cambiar un solo sonido o fonema puede cambiar el significado de la palabra. Por ejemplo, cambiar la /g/ en bag por una /t/ nos da la palabra bat (murciélago), que tiene un significado diferente al de bag (bolsa).
El número de fonemas de una lengua es finito y limitado en cada lengua y el número de alófonos potencialmente definibles, especialmente si especificamos rasgos fonéticos muy sutiles, es potencialmente ilimitado y varía según el contexto fonético y la articulación lingüística individual de los hablantes, a su estudio se dedicará la llamada fonética experimental. En cuanto al número de fonemas, este no tiene por qué ser fijo, y puede cambiar con el cambio lingüístico, de hecho en un instante dado, puede ser que puedan construirse dos sistemas fonológicos con diferente número de fonemas si se introducen reglas de pronunciación más complejas. Sin embargo, la mayoría de análisis del español está en torno a 24 unidades (5 vocales y 19 consonantes), aunque no todas las variedades de español tienen el mismo número de fonemas.
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