Tras algunas décadas de abandono como consecuencia del énfasis puesto en una mal entendida “comunicabilidad” del lenguaje, estudios recientes sobre la competencia fónica coinciden en considerarla una parte fundamental de las destrezas orales de la lengua, esto es, de la expresión oral, la comprensión auditiva y la interacción oral. En efecto, la pronunciación es el medio a través del cual se trasmite la información y, por lo tanto, la comprensión o no del mensaje por parte del oyente va a depender de la calidad de esa transmisión; en cuanto a la comprensión del mensaje, no podemos olvidarnos de que uno de los procesos fundamentales de esta destreza es el de la percepción de los elementos fónicos, de forma que si un individuo no identifica correctamente los segmentos que componen un texto oral, tendrá dificultades para comprenderlo e interpretarlo (Iruela, 2004: 27-30). Existe, por tanto una relación directa entre capacidad para percibir y discriminar elementos fónicos de la L2 (los contrastes fonológicos, los sonidos que representan a cada fonema, el ritmo, la entonación, el acento a nivel de palabra y de frase, etc.) y la capacidad para la comprensión del mensaje.
Se ha comprobado que los estudiantes son capaces de asumir mayores riesgos cuando las tareas escolares se presentan como juegos (Howard-Jones, 2011). Y también sabemos que la formación de la memoria explícita, esa que es tan importante en los contextos educativos, está directamente relacionada con la activación del sistema de recompensa cerebral (Howard-Jones, 2014).
Una vez que tu hijo tenga 5 años ya conoce lo que es ficticio y lo que es real, puedes ayudarlo a diferenciar los géneros de los libros, aquellas historias que son basadas en lo real, libro de letras, libro de músicas, fantasía, ciencia ficción.  Cuando un niño aprende clasificar un libro del género empezara  recordar los detalles realizando un esfuerzo para poder recordarlo, realizando un esfuerzo para poder clasificarlo y tendrá que recordar libro que haya leído del mismo genero. Esto te llevara más de diez segundos tras realizar una lectura.

El número de fonemas de una lengua es finito y limitado en cada lengua y el número de alófonos potencialmente definibles, especialmente si especificamos rasgos fonéticos muy sutiles, es potencialmente ilimitado y varía según el contexto fonético y la articulación lingüística individual de los hablantes, a su estudio se dedicará la llamada fonética experimental. En cuanto al número de fonemas, este no tiene por qué ser fijo, y puede cambiar con el cambio lingüístico, de hecho en un instante dado, puede ser que puedan construirse dos sistemas fonológicos con diferente número de fonemas si se introducen reglas de pronunciación más complejas. Sin embargo, la mayoría de análisis del español está en torno a 24 unidades (5 vocales y 19 consonantes), aunque no todas las variedades de español tienen el mismo número de fonemas.
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